domingo, 19 de mayo de 2019

DE CUYES Y SABORES



DE CUYES Y SABORES | Semblanzas y Sinsabores, Recuerdos y Pasiones Encontradas.

A propósito de un articulo periodistíco  sobre el hallazgo de '100 Conejillos de Indias' sacrificados hace 400 años atrás, durante  excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en Templo Viejo,  Acarí - Arequipa;

''La Última Cena' obra del pintor colonial cuzqueño Marcos Zapata (1710-1773)

 'La Ultima Cena' es un lienzo de la 'Escuela Cuzqueña' que se puede apreciar en la Catedral del Cuzco.

El cordero pascual ha sido reemplazado por el 'Cuy al horno', ademas de otras especias típicas  del mundo andino. Obra del pintor cuzqueño Marcos  Zapata a quien se le atribuye 200 obras.

El cuy ha tenido gran significado en la cosmovisión andina, como elemento votivo y ritual, su domesticación y  consumo  por antiguas sociedades tiene vigencia en nuestros días.

En el norte se consume al estilo Chactado o frito, tambien como parte de un guiso o pepián, por el centro es casi similar y por el sur se estila comerlo al horno, adobado con abundante huacatay y especias,  se sirve o se acompaña con papa, tallarín y rocoto al horno,  incluso es servido con locro de habas.
Hoy en dia puede ser encontrado en el exhibidor de carnes de cualquier supermercado.



La denominación 'Conejillo de Indias' resulta válida porque así lo atestiguan los primeros registros de cronistas y funcionarios españoles.

Estadounidenses y occidentales lo denominan  'Guinea Pig' teniendolo como mascota; incluso se han producido filmes de ficción con personajes inspirados en su natural encanto.

El Cuy también ha sido empleado con fines de marketing, propaganda  estatal y proselitismo político; un caso emblemático fué el triste final para un candidato presidencial que terminó su aventura gurnamental envuelto en escándalos de corrupción.

Yo, particularmente yo me quedo con el   nombre onomatopéyico: 'Quwi' que mi recordada abuela paterna tiernamente pronunciaba cuando se acercaba el onomástico de algún familiar y en casa se tenía que 'sacrificar' algunos ejemplares para acrecentar la 'gula cumpleañera'.

jueves, 4 de octubre de 2018

El poderoso motivo de Cajamarca


UN BARBERO EN LOS "BAÑOS DEL INCA"

Una tarde vino un señor para dar mantenimiento a las plantas que decoraban la oficina, estas llevaban mucho tiempo sin los cuidados respectivos, por ende, era menester darles el tratamiento debido.

El operario cuyo nombre era Sigfrido, después de dos horas de haber estado inmerso en su labor de jardinero finalmente me dio aviso para validar su labor; entonces me dirigí a los ambientes y pude apreciar el nuevo y remozado “look” de nuestro palmito de bambú, de hecho tuve que reconocer el notable trabajo que se había realizado,  comentándole mis gratas impresiones y  que,  su labor era semejante  como del barbero, oficio  muy de moda en nuestra sociedad por estos días. 

Sigfrido con su arte y técnica en el cuidado y cultivo de plantas, puso de vuelta al palmito de mi preferencia, con  juvenil apariencia; mientras, nos daba algunos consejos para mantener su estado, de repente, vino a mi mente como un rayo instantáneo de luz, el extracto de una entrevista ofrecida por el historiador Efraín Trelles para el programa de televisión “Sucedió en el Perú”.

Entonces aprovechando una pausa en nuestro dialogo, inicié una nueva conversación; empezando con una comparación de orden genérico entre ambas profesiones luego, inquirí muy sutilmente a mi interlocutor si cabría el caso,  un punto de comparación entre la labor de un barbero y  la de un  jardinero.  -Efectivamente, había cierta similitud. Respondió él-  claro está  que para llegar  a ese discernimiento  había yo,  ayudado con mis discursos de enfoque  que  concluían en ese razonamiento hábilmente encauzado.

Acto seguido le pregunté si conocía, o, había oído acerca de un episodio en la historia que pudiera semejarse al tópico de nuestra conversación, obviamente sabía la respuesta de antemano, aun así quise darle la oportunidad de expresar su opinión al respecto y, que luego en una especie de juego de estrategia dejaría para el final de nuestra conversación casual, una conclusión conciliatoria.

Empecé con mi propósito ensayando una recreación histórica que nos llevara en un viaje por el tiempo, quinientos años atrás a los eventos suscitados entre incas y españoles, previo a la captura de Atahualpa en Cajamarca y recordando una vez más, las palabras de Efraín Trelles acerca de cómo estimaron los incas la utilidad de los caballos y la elección de ciertos españoles a quienes se debía capturar “vivos”. 


Mi dialogo resultó esta vez  ameno al darme cuenta que empezaba a captar la atención de mi invitado: -Mira mi estimado- Le dije; eso de que cómo una compañía de barbudos pudo conquistar todo un “imperio” con más de ocho millones de personas, gobernado por un omnipotente señor que contaba un poderoso ejército, etc., etc.  Y, cómo es que los incas sucumbieron a los españoles, a sus armas, cañones y caballería en una sola tarde. –eso mi amigo, le dije, “es historia harto conocida”- “El desenlace de aquel encuentro fue posible cuando los “barbudos” si los barbudos ese memorable día, se transformaron en “dioses” y, se presentaron en Cajamarca con los rostros suaves y lozanos como “potito de bebé”.






 ANALISIS.-

Para establecer un cierto tipo de análisis habría que recurrir indudablemente a la disciplina del conocimiento que viene a ser la metodología de la investigación y así escribir un tratado académico de lo ocurrido en Cajamarca, existe para tal efecto abundante y copiosa literatura. 

No es mi propósito aportar una “nueva prueba” a los esfuerzos y estudios realizados. Para mi presente trabajo echaré de mano las fuentes escritas sobre el particular, especialmente la relación de Francisco de Xerez (Sevilla 1497 - ? 1565)  un cronista y conquistador español que acompañó a Pizarro en su empresa desde 1524 de quien fue su secretario y escribano oficial de la expedición, hasta su regreso a España en 1534.


Atahualpa era sabido que gentes extrañas habían desembarcado en el septentrión del mundo andino. El inca en una primera instancia debió desconocer la finalidad y propósitos de la inesperada llegada, pero a medida que los advenedizos iban adentrándose en tierra firme, los naturales posiblemente comenzaron a propalar versiones acerca de ellos: los “Capac-Cocha” o Señores del Mar,  llegados en  -casas de  madera flotantes- que, tenían por piel un raro atuendo metálico (aunque esto  para mí resulta discutible), pues los occidentales  llevaban cierto tiempo de llevar intercambiando objetos y presentes con los lugareños y presumiblemente, usaban las prendas obsequiadas en retribución a la atención recibida.



Por otro lado llama la atención, la importancia en el mundo andino civilizado, el acto de obsequiar vestimentas. Los europeos debieron notar la calidad y valor intrínseco del producto confeccionado que otorgaba ademas un predominante estatus social a sus poseedores y/o propietarios. El clima del exhuberante ambiente nor-costeño demandaba el uso de prendas de algodon, por su "frescura" en el vestir;  siendo por el contrario que, un panorama serrano de accidentada geografía con numerosos pasos y abras, requiriese la demanda y  abrigo de prendas confeccionadas con fibra de las “ovejas del nuevo mundo”.



Por ello, resulta difícil poder imaginar a los españoles usando como abrigo y protección unicamente sus armaduras y ropaje Castellano. Sin duda la extrañeza que debieron experimentar al pasar de una estación a otra en una sola jornada, debió obligarles el uso y empleo de la producción textil local dependiendo su geografía. 

Resulta pertinente remarcar el hecho que, los testimoniantes, no mencionen como dato adicional, los síntomas y efectos  del “mal de montaña”. Tampoco se hace referencia a la salud de los caballos por su exposición directa con el clima en su camino a Cajamarca. 
Solo una vaga referencia nos trae Francisco de Xérez cuando menciona en su Relación de la Conquista, la estupenda performance de la  caballería, el "día del encuentro" a pesar  que la víspera  del día anterior,  todos los caballos se encontraban “resfriados”.

  

Sin embargo, debemos considerar  como una excepción, al asunto tratado, que los españoles si portaban sus armaduras, aderezos  y toda la parafernalia occidental, para situaciones especiales, sin importar el lugar y circunstancias de los hechos, pero con el objetivo de impactar psicologicamente en la mentalidad y memoria del colectivo. 

Ejemplos de ello sería:  la importancia y significado de la primera impresión, el ejercicio de la santa “justicia” y durante las empresas militares.






Atahualpa en el contexto de una “Guerra Psicosocial” que se venía desarrollando, habría comisionado agentes de inteligencia (AI) encubiertos para que actuaran como “espías” y, así obtener cierta información de primera mano acerca de los extraños, que, de un modo u otro, empezaban a distraer su campaña militar contra el Cusco y su hermano Huáscar.

Incluso se habla de un alto oficial Atahualpista comisionado para tal fin, llamado "Apo" quien, -ocultando- su verdadera identidad, había logrado “mimetizarse” entre la multitud de indios curiosos que seguían y servían de auxiliares de los españoles. La historiografía recrea también, su descubrimiento por los españoles y, de su “perdón” por parte de Francisco Pizarro cuando supo que se trataba de un “orejón”. Personaje principal de una posterior embajada enviada por el inca. 

Entonces, en la perspectiva del inca todo marchaba conforme a sus propósitos, esgrimía con asombrosa precisión los postulados de la "inteligencia táctica",  estaba reuniendo  y analizando datos, que le permitieran llevar a cabo un planeamiento debidamente concertado para la ejecución de su "golpe maestro" sobre la amenaza existente.

El inca creyó tener una mejor “Apreciación de Situación e Inteligencia”  y se aprestada a escoger el terreno propicio para su acto final. Quizás en este momento.tambien haya considerado realizar en simultaneo un gloriosa celebración y por que no, un pomposo ingreso triunfal. 


Las conclusiones obtenidas serían las siguientes:

Que, los extraños definitivamente no eran dioses, salvo alguna extrañeza en su andar y vestir, el idioma y sus costumbres ajenas, éstos eran finalmente simples mortales pues, podían enfermar, ser heridos y ser muertos también, sin necesidad extraordinaria de acudir algún tipo de fórmula mágico-religiosa.

Esto quería decir desde un enfoque militar, el empleo diferente de otra táctica que permitiera -prescindir- de grandes recursos en tropas y avituallamiento, así como una concurrencia de huacas que se solía emplear por aquella época puesto que, por entonces estos recursos se encontraban a disposición de la cruenta guerra civil que mantenía ocupados a los hijos de Huayna Cápac.




Entre los animales que acompañaban los extranjeros,  se identificó al perro y otro animal domesticado jamás visto, cuyo tamaño, movilidad y empleo asemejaba en algo la utilidad de la llama. 


Por su nobleza y gran utilidad para el transporte personal y carga, podría resultar un gran negocio su apoderamiento, para acrecentar su número y rebaño. Este hipotético postulado debió haber sido visto como gran oportunidad para la obtención de prestigio socio-económico  para  beneficio de un Atahualpa ganador en todos los campos  y esferas de su tiempo;  
Un poderoso motivo para fijar un escenario y momento ideal para el logro de su cometido, el inca sentíase  hinchado de su "divino ego", que se auto-intitulaba según Betanzos como el “Ticsi Cápac”" un "Dios entre los Señores del mundo".




Que los invasores venían cometiendo actos fuera de todo orden moral y ajeno a la autoridad del inca y sus funcionarios locales; era necesario hacer justicia y escarmiento.  Aniquilar la hueste invasora para evitar la propagación del pánico, la anarquía y el desgobierno.



Para tal propósito, la historiografía peruana contemporánea alude la identificación de ciertos personajes a quienes se les debía preservar la vida, más que nada por la calidad de sus oficios, y que en base a la información obtenida se seleccionó tres objetivos:  el "volteador de caballos", el "herrero" y por último y talvez el más importante, el “Sacerdote-Brujo”.

La necesidad de lograr la captura de los primeros debía ser una prioridad que se gestaba en concordancia al deseo y voluntad  expresa del monarca, por su natural inclinación a los caballos.

El tercer objetivo para la hueste incaica fue polémico, y se relaciona con el eje central de mi trabajo:

El “sacerdote-brujo” tal como habría sido descrito por los informantes del inca desde la perspectiva de su cosmovisión era un personaje con ciertos -poderes mágicos- con la facultad de devolver la “fuerza Vital”  (-Camaquen) a  quienes recurrían a su –tienda- sumamente cansados y enfermos,   incorporándose después los “pacientes” totalmente sanados, energizados  y “rejuvenecidos”.

Aunque en mis fuentes consultadas no hallé alguna referencia exacta que aluda a la presencia de un barbero entre los españoles que acompañaron a Pizarro. obviamente alguien debía ejercer este oficio aunque sea de manera temporal o improvisada, puesto
que ellos mismos se encargaban de sus propias necesidades, es decir hacer de cocineros, porteadores, y toda suerte de ocupaciones domésticas al menos en la primera etapa de su llegada a las tierras del Tahuantinsuyo.

En la actualidad las barberías gozan de una mejor reputación y concurrencia en detrimento de las peluquerías de antaño, se ha reinventado el oficio del barbero y su negocio es de gran demanda que otorga cierto prestigio a sus oficiantes.




Source Wikipediade:Eygentliche Beschreibung aller Stände auff Erden, hoher und nidriger, geistlicher und weltlicher, aller Künsten, Handwercken und Händeln ..." from Jost Amman and Hans Sachs /Frankfurt am Main / 1568 / thanks to www.digitalis.uni-koeln.de




En la bien documentada escena sobre la visita dispuesta por el Gobernador Pizarro al - “Real”- de Atahualpa en la que el inca por vez primera observa un ejemplar de caballo  sin perder su compostura grave y señorial; esto solo denota  el grado de interés que tuvo para el inca aquel animal, aspecto tomado en importancia para el  presente análisis.

También debe considerarse en este punto, aquel episodio cuando Hernando De Soto se dirigió en una corta pero audaz cabalgata hasta apear su corcel frente al inca sin lograr que el inca se descompusiera, actuando con augusta majestad al mostrar -indiferencia- al atrevimiento del Castellano y castigando con la muerte aquellos indios que se –aterraron- con dicha acción. Este comportamiento indica que el Inca, aparte de ceñirse irrestrictamente a los protocolos diplomáticos de su sociedad, resulta que al parecer estaba simultáneamente ejerciendo una estratagema que debía permitirle después, acorde a su firme idea de capturar al íntegro de los transgresores quienes por méritos propios hasta aquel incidente eran ya considerados en cierta medida como -personas no gratas-  pero con intenso misterio para el Inca.

Es interesante seguir analizando las opiniones de los investigadores de ayer y de hoy  acerca de los acontecimientos registrados por los primeros españoles, sin embargo me omito en realizarla para evitar “prolijidad” en el propósito de nuestro trabajo. 
  
Sin embargo debo acotar al presente que, los incas al igual que su contraparte europea, también eran conquistadores, y podían cometer actos de pillaje y saqueo cuando las acciones de paz fallaban, ellos también capturaban prisioneros, tomaban botín y secuestraban incluso la "huaca" del  vencido y  los bienes de los derrotados.
Es digno mencionar lo referido por los "cronistas tardíos", sobre el "traslado" de los tesoros de Chan-Chan durante las campañas militares de Tupac Inca Yupanqui sobre el reino del Chimor y la "reubicación" de sus orfebres a la ciudad del Cusco.     

Sea un escenario de paz o de guerra, el aparato administrativo del inca  gobernante, ya preveía la gestión acorde a sus intereses, de los recursos humanos y materiales. Para lo cual gracias a su casi perfecto sistema de contabilidad y estadística entendían proyectos agrícolas y  ganaderos a gran escala, así como la acumulación de excedentes   para los procesos de reciprocidad y redistribución, alineada con la gestión  logística de almacen de bienes y recursos.  










CONCLUSIONES:

Desde nuestra perspectiva tempo-espacial resulta difícil poder asegurar  o desmentir  el concepto de dioses o “Wiracochas” como se les denomina en la historiografía a Pizarro y sus hombres por parte de los incas y las gentes que ellos en su tiempo subyugaron.


De la relación de Francisco de Xerez, se desprende que algunos “cristianos”  habían sido muertos por los indios en sus primeros contactos con los pueblos de lo que hoy es el Ecuador y el norte del Perú.


En la historiografía moderna del Perú en lo que respecta al proceso de la “Conquista” se habla del afán de Atahualpa de Capturar vivos a los “extraños” que venían distrayendo su reciente victoria sobre Huáscar y hacer merecido escarmiento en ellos. Es notable la referencia a los caballos y la presencia de un personaje misterioso con atributos mágicos –superior- a cualquier Huaca del mundo andino conocido.


En un hipotético escenario en el que Atahualpa es asesorado por sus consejeros, funcionarios y familiares cercanos con respecto de los intrusos.  Cualquiera que hubiese sido la estrategia, plan de acción, etc., parece demostrar que el inca buscó adrede el encuentro en Cajamarca.  Sea por su exacerbada soberbia o, por el desconocimiento que se tenía de estos extranjeros en el arte de la guerra. Atahualpa no logró su cometido, se entramó en un juego de “el gato y el ratón” con sus enemigos permitiendo que se adentraran demasiado en el reino y por  intermedio de “Felipillo”, “Martinillo” y Francisquillo” sus “indios ladinos”, obtuvieran mayor y más precisa información de contra-inteligencia para plantear  una  acción casi “suicida” pero osada que devino para el genio de Pizarro la rápida captura de su máximo trofeo, en el lapso de “media hora”, poco antes del ocaso, sin el menor coste de vidas y recursos entre los españoles.





“Aquella tarde… El Intip-Churin asido del brazo, fue desbaratado de su litera, para nunca más volver a señorear la tierra en el Kay-Pacha…su suerte y el destino de su civilización, estaba echada...  Sin embargo, el majestuoso Inti  a la mañana siguiente volverá a repetir infinitamente su paso por el Hanan-Pacha…”
“La Captura”, Oleo Juan B. Lepiani, (Lima, 20 de septiembre de 1864-Roma, 28 de noviembre de 1932)


Cajamarca supuso también la muerte de numerosos nobles que acompañaron al desprevenido inca y que por su pronta desaparición pasaron rápidamente al olvido, entre ellos se contaban funcionarios “políticos” de alta jerarquía, es notable mencionar que, en el lugar de los hechos se contaba con la presencia de otros “Señores” que eran cargados en literas y hamacas;  la relación de Xérez es nuevamente de gran ayuda para entender la gran orfandad de personajes de primer orden que dejaron prácticamente “solo” al inca en los sucesos posteriores a la fatídica tarde del sábado 16 de noviembre de 1532.

Sin embargo, hay que considerar como punto de inflexión, al momento de la agresión flagrante de los peninsulares; La mortal inacción de la multitud que acompañaba al soberano inca, ni tampoco el hecho de como un numeroso ejército que se encontraba acantonado en Pultumarca no realizara una acción de respuesta inmediata.  Para tener una mejor comprensión sobre el particular y en general sobre la cosmovisión del mundo andino, el Arqueólogo Polaco Mariusz S. Ziólkowski (Varsovia 1953) en 1997 publicó su obra, “LA GUERRA DE LOS WAWQIS: Los mecanismos y los objetivos de la rivalidad dentro de la elite Inca, siglos XV – XVI”.







Mi conclusión es que Pizarro tuvo 2 méritos destacables:

Primeramente, puso en marcha una muy calculada y sincronizada escenografía audio-visual jamás vista por todos los concurrentes a la cita de aquel día, el factor sorpresa estaba dado;

Su segunda acción consistió en apoderarse por cualquier medio posible de su objetivo, para tal efecto Pizarro debió estar seguramente enterado o no, que el Inca nunca se dirigía directamente a sus sirvientes, toda acción era delegada a sus parientes nobles y estos a la vez con los “mandos intermedios” incluso para estos últimos y la plebe misma, estaba castigado con pena de muerte, siquiera mirar a su Todopoderoso Señor.



La ejecución de un mandato o deseo del soberano era talvez transmitida por una complicada y muy organizada “red de comunicaciones”, por esta razón causó admiración entre los atacantes que trataban de derribar frenéticamente al Inca Atahualpa de su anda y que, los “Lucanas” encargados del transporte de las andas, siguieran cumpliendo hasta la muerte su único trabajo y rol de toda su vida.  El atónito Inca no halló el modo de comunicar una -orden de repliegue- coherente en ese momento, su staff de transporte fue “inmovilizado” por el pánico y desorden de la masa.   

Esta acción en términos militares puede ser interpretada en  ese "Teatro de Operaciones" como una maniobra, que “desconectó” al Comandante Supremo de su Estado Mayor  por ende de sus fuerzas. Una acción del tipo “BlitzKrieg” evocado irónicamente con el único falconete operativo que empleó la "artillería" del griego “Pedro De Candia” desde el Ushnu de plaza. El estruendoso efecto  debió  hacer percibir a la "audiencia" local, la sacra  presencia del "Inti Illapa".

En otros términos, era un “JAQUE MATE” magistralmente realizado en el “Damero de Cajamarca”. Lo demás es historia conocida, la masa sucumbió al terror y pánico, tratando de huir desordenadamente siendo muertos en una tenaz persecución.

El sistema instaurado por Atahualpa, aquella tarde comenzó a desmoronarse abruptamente, este hecho histórico puede ser catalogado con cierta verosimilitud contemporánea como la “muerte” de una “StartUp” y, en este caso en particular, por la pronta desaparición de su CEO.  


La civilización incaica asistió a Cajamarca para atestiguar el inicio de un profundo cambio sin precedentes en lo político, social, económico y religioso que significó a la vez el nacimiento de una nueva hegemonía en el poder del universo andino, es decir el paso a una nueva era, de la que nuestra sociedad actual es su producto.
 

    
Finalmente el tema de los caballos y el sacerdote-brujo mencionados aquí, son  obra  e ingenio como ya lo indiqué del historiador  Efraín  Trelles (Andahuaylas, 1953 – Lima 2018)  quien en vida contaba esta escena con  su singular “picardía” que supo destacar aparte en el mundo del periodismo deportivo nacional.

Otra referencia muy importante son los trabajos del Dr. Antonio del Busto Duthurburu (Lima, 1932 – Lima 2006), con su obra Pizarro (2000) de gran referencia sobre el tema tratado.
Tambien la entrevista ofrecida  al intelectual Marco Aurelio Denegri (Lima, 16 de mayo de 1938-Ib., 27 de julio de 2018) en su programa de televisión "La Funcion de la Palabra


El presente artículo rinde también homenaje a todos ellos que, otorgaron sus opiniones indistintamente  sobre el tema. Especialmente  a Efraín trelles, que en un capítulo del programa “Sucedió en el Perú” producido por el canal de televisión del estado peruano, cuya jocosa y original historia acerca del barbero, inspiraron mi trabajo.



Finalmente para cerrar el círculo del enfoque moderno que he venido consignando  en algunos puntos, es decir al trabajo de “inteligencia” desplegado en ambas partes, considero  pertinente hacer  referencia a un episodio  de gran significado que trata de la campaña  militar que entabló Huáscar poco antes de  desatarse la “guerra civil” y;  es la que menciona la muerte de Chuquis Huamán, hermano suyo y uno de los Capitanes Generales de la campaña de la guerra con los Chachapoyas, que  fue muerto por el Curaca de Pumacocha en una bien y tramada ardid, al atraerlo al interior de la ciudadela-fortaleza –Chacha- so pretexto de querer hacer la paz y darle muestras de su sumisión. Este episodio puede ser enteramente leído en el  “Capitulo XLIV: De la jornada que mandó hacer Huascar Ynga en los chachapoyas, y muerte de su hermano Chuquis Huaman” de la obra “HISTORIA GENERAL DEL PERU” escrita por el cronista Mercedario,  Fray Martín de Murúa  y publicada en las primeras décadas del siglo XVII.


Resulta irónico la suerte corrida por Chuquis Huaman,  y que solamente contribuye una vez más a seguir esgrimiendo más postulados a la “descuidada” acción  del Inca de presentarse  en Cajamarca prácticamente con una multitud que iba “desarmada”.

Enfático es: que nunca se conozca los verdaderos motivos que llevaron al inca Atahualpa a la escena de Cajamarca, pero persiste en mi cabeza, la teoría de una  equivocada percepción de la situación y, una errada fuente de información de inteligencia que obligara al inca a  buscar el modo de capturar vivos a los españoles  y, luego entre estos, seleccionar a los que  les sería de utilidad.

Una falsa A/S y A/I  quien sabe?

Al final como todo mortal, nos podemos equivocar y en esa ocasión alguien hizo una falsa estimación de la situación, y el otro, se las jugó el todo por el todo; así  devino los acontecimientos de Cajamarca.

Sin quitar  mérito a Francisco Pizarro y  sus hombres, ni tampoco a los orejones incas, la historia también  nos señala que hay ejemplos  a considerar sea en aquel tiempo  o el presente, sino  recordemos lo sucedido al ejército alemán que subestimó las fuerzas rusas  incluso antes de la invasión de 1942 cuando  la mente militar que gestó el  plan para  la operación “Barba-Roja”  formuló una errada A/S y A/I  al estimar que el  ejército Rojo no  podría recuperarse  de una contundente y coordinada acción de la Werhmacht,  que supusiera la inmovilización o destrucción de por lo menos  3 o  4 millones de hombres de la Rusia de Stalin.


En fin, como dice el dicho: El Hombre Propone y Dios Dispone”, algo parecido al discurso proselitista que se lee a “viva voz” en las crónicas y relaciones que escribieron los españoles para justificar la invasión y conquista del nuevo mundo, según ellos.
Una última reflexión me lleva a recrear a nuestro personaje polémico que da título a nuestro articulo quien, por ironías del destino, resulta ser solamente un barbero, como los de hoy en día, es decir muy solicitado y que en el contexto de la metáfora de nuestro trabajo solo trajo un fin y un medio: un “baño de sangre” en los “baños del inca”.

Richard B.A.
10/10/2018


domingo, 26 de noviembre de 2017

Apu Chilche

En la historia de la  antigua  capital de los incas  durante el siglo XVI  las transformaciones de carácter  histórico,  económico y socio cultural   con drásticos cambios  de mando y usufructo   tuvo  en la década del 30, la  historia  de un  personaje ajeno a la  elite inca   Apu Chilche mencionado tempranamente como  paje del Sapa inca Huayna Capac, que  tras la  llegada de los españoles  ofreció incondicionalmente sus servicios a  la nueva casta de gobernantes durante  la rebelión de Manco Inca, por cuyas acciones y méritos   el marqués  Francisco  Pizarro le puso su nombre  y en su gratitud a su lealtad  le otorgo  el  Curacazgo del valle de Yucay, siendo activo personaje de la  nueva aristocracia nativa  en el   Cusco  de aquel entonces. 
Para  este  blog  me he remitido en  casi toda su integridad al estudio   publicado en el año 2009  por el historiador peruano Luis Manuel Arana Bustamante (Lima 1964), titulado: “Un incidente en la vida de Francisco Chilche, Kuraka del valle de Yucay  1555(1)


El estudio se enfoca en un incidente en la vida de un kuraka temprano colonial en Cuzco, antiguo paje de Francisco Pizarro y nombrado kuraka del valle del Yucay, sucedido en las festividades de Corpus Christi en la década de 1550 y que ha llegado hasta hoy narrado por el Inca Garcilaso de la Vega, que fue testigo del mismo.

Allí Chilche protagonizó un incidente ofensivo para la nobleza inka, que aquí se interpreta como un intento de recordar a los españoles los servicios brindados durante la conquista, tratando de revertir la disminución de su rol social y la competencia con otros aspirantes a la posición de poder adjudicada por los españoles en torno a las posesiones del valle de Yucay. En la interpretación se hace un experimento en la aplicación de algunos métodos de análisis asociados a la antropología histórica.

El Cusco incaico que fue  galanamente rediseñado y mandado a ser reconstruido  por  Pachacutec, embellecido por soberbios edificios por los incas posteriores  fue visto por los europeos  en toda su magnitud recién  en  1533, hasta aquel entonces  y evitando  dar detalles acerca de las instituciones y  las gentes que la poblaban,  mencionare que   en razón de la crisis política agudizada por las pugnas entre las panakas,  sumado a la llegada de los “Puka kunkas” , la fundación española de la ciudad  el 23 de marzo de 1534, el inicio de la rebelión de Manco Inca en mayo de 1536, entre los actores y personajes  pasando por los incas nobles de la ciudad, los  numerosos yanas  que también la habitaban y,   los  advenedizos españoles acompañados de huestes  auxiliares hicieron de  esta ciudad materia de numerosos hechos históricos, surgiendo  la  figura que  a continuación describo en las palabras de nuestro historiador citado:
Francisco Chilche fue un indígena cañari —probablemente hijo de algún jefe étnico—incorporado muy joven al Cuzco inka, según Garcilaso, como «paje» del Huayna Cápac histórico.
Según Diego de Trujillo, él dio el alcance a los españoles a su llegada al Cuzco en 1533 con tres indios cañarís y preguntó «cual es el capitán de los christianos» (Trujillo, [1571]1948:63). Mostrándosele a Pizarro, le dijo «Yo te vengo a servir y no negaré a los cristianos, hasta que muera», le presentó a Manco Inca, y entró con él al Cuzco, estando acompañados de unos cincuenta indios cañaris y chachapoyas (ídem). Luego, según su propia información de servicios posterior, Chilche cumplió muy bien con labores militares tempranas contra el ejército de Callcuchima, a quien, dijo allí, «...desparató y Vensia y fue en su seguimiento hasta el valle de Xauxa...» y contra los Chupachus (Apéndice 1, ff.7-7v de Heffernan, 1995).


El mayor mérito  sin embargo fue según  lo cuenta Garcilaso  en su SEGUNDA PARTE DE LOS COMENTARIOS REALES DE LOS INCAS, publicada en 1617 en Córdova con el título de HISTORIA GENERAL DEL PERÚ.
CAPÍTULO XXV: Un milagro de Nuestra Señora en favor de los cristianos, y una batalla singular de dos indios.

“Durante el cerco, pasados los cinco meses de él, sucedió que un indio capitán, que se tenía por valiente, por animar a los suyos, quiso tentar su fortuna, a ver si le iba mejor en batalla singular que no en las comunes. Con esta presunción pidió licencia a los superiores para ir a desafiar un Viracocha, y matarse con él uno a uno; y porque vió que los españoles de a caballo peleaban con lanzas, llevó él la suya, y una hacha de armas pequeña que llaman champi, y no quiso llevar otra arma. Así fué, y puesto delante del cuerpo de guardia que los españoles siempre tenían en la plaza, porque era junto a su alojamiento, habló a grandes voces, diciendo que si había algún Viracocha que con él osase entrar en batalla singular, saliese del escuadrón, que allí le esperaba con las armas que le veían. No hubo español que quisiese salir al desafío por parecerles poquedad y bajeza reñir y matarse con un indio solo. Entonces un indio cañari, de los nobles de su nación, que cuando niño y muchacho había sido paje del gran Huayna Cápac y después fué criado del Marqués Don Francisco Pizarro, que lo rindió en uno de los reencuentros pasados, y por su amo se llamó Don Francisco, que yo conocí y dejé vivo en el Cozco cuando vine a España, pidió licencia a Hernando Pizarro y Juan Pizarro y a Gonzalo Pizarro, hermanos de su señor, y les dijo que pues aquel atrevido venía de parte de los indios a desafiar a los viracochas, que él quería, como criado de ellos, salir al desafío. Que les suplicaba lo permitiesen, que él esperaba en la buena dicha de ellos volver con la victoria. Hernando Pizarro y sus hermanos le agradecieron y estimaron su buen ánimo y dieron la licencia. El cañari salió con las propias armas que él otro traía, y ambos pelearon mucho espacio; llegaron tres o cuatro veces a los brazos, hasta luchar y, no pudiendo derribarse, se soltaban y tomaban las armas, volvían de nuevo a la batalla. Así anduvieron hasta que el cañari mató al otro de una lanzada que le dió por los pechos y le cortó la cabeza y, asiéndola por los cabellos, se fué a los españoles con ella, donde fué bien recibido, como su victoria lo merecía. El Inca y los suyos quedaron extrañamente escandalizados de la victoria del cañari, que si la ganara un español no la tuvieran en tanto; y por ser de un indio vasallo de ellos, lo tomaron por malísimo agüero de su pretensión; y como ellos eran tan agoreros, desmayaron tanto con este pronóstico, que de allí adelante no hicieron en aquel cerco cosa de momento, si no fué la desgraciada muerte del buen Juan Pizarro…”


Regresando al estudio de Arana Bustamante:
Ahora bien, este episodio es digno de un análisis por sí mismo. Si lo pudiésemos efectuar ahora quizá este artículo se hubiese titulado «Dos episodios en la vida de Francisco Chilche...». Pero por el momento quizá sea posible interpretar algo del razonamiento inka en este episodio temprano.Ya era visible entonces que los extranjeros poseían mucho «mana», por emplear el término clásico, y por tanto quizá no habría sido de extrañar demasiado para los inkas la victoria en combate de uno de ellos. Pero la derrota de guerrero inka por un «vasallo dellos», en términos de Garcilaso —es decir de un miembro de un pueblo ya vencido por los inkas, e inferior en ese sentido— cortocircuitaba este razonamiento. Era especialmente preocupante, pues quizá significaba que los extranjeros eran inclusive capaces de trasmitir su «mana» a un ser despreciable para los inkas o que ellos habían perdido el suyo. Quizá de allí su lógica de interpretar como un pésimo pronóstico para ellos el resultado del combate con el cañari.
Chilche fue nombrado paje de Pizarro por dos años en el Cuzco, y el episodio del combate debió ser considerado muy importante en el levantamiento del cerco por los españoles —quizá también por la posterior actitud inka ante el resultado—, pues la amistad de Chilche con Pizarro fue determinante, según Garcilaso, en la nueva colaboración de los antiguos soldados cañaris del inka con los españoles:

Fueron tantos los favores que entonces (cuando la victoria) [en el duelo y en el cerco] y después della hizieron los españoles a este cañari, que los de su nación se les aficionaron [y] ... se trocaron en crueles enemigos [de los inkas] y sirvieron entonces a los españoles, y después acá les sirven de espías, malsines [murmuradores] y verdugos contra los demás indios... (Garcilaso, [1617]1944, Libro II, cap. XXVI, 183).

Y el autor estudiado pasa a continuación a citar un ejemplo temprano y revelador de una actitud «ladina» —en un sentido de doblez moral y político— pero muy hábil de los cañari en este contexto:

... en las guerras civiles [...] los cañaris que vivían en el Cozco (debaxo del mando de este Don Francisco Cañari) que eran muchos, servían de espías dobles y atalayas a los del vando del rey y a los del tirano, dividiéndose con astucia en dos partes, los unos con los del Rey y los otros con el traidor, para que, cuando la guerra se acabasse, los cañaris del vando vencido se guareciesen de la muerte a la sombra del
vando vencedor, diciendo que todos havían sido dél. Y podían dissimularse bien, porque, como no tratavan ellos con los españoles [...] sino los superiores, los demás no eran conoscidos y assí pasaban todos por leales [...] porque los unos y los otros (como parientes) se descubrían y avisavan de lo que pasaba en el un exército y en el otro (ídem, 183-84).


El curacazgo y las posesiones en  Yucay

Otra medida de que su asistencia en esos años debió ser considerada notable lo es la recompensa recibida. En efecto, Pizarro convirtió a Chilche nada menos que en kuraka del inmenso y altamente productivo valle de Yucay, parte central y más productiva del hoy más conocido como el «Valle Sagrado», el cual ... se llamaba entre los indios casa del dicho guaina capa... y como es notorio... [Huayna Capac] tenia sus casas hechas en el dicho ualle con todos los oficios de su seruiçio y despensas y depósitos en que se encerraban los frutos de las chácaras que el dicho inga tenía... (ver cita documental en Wachtel, ([1971]:169, nota 131)

Por su parte, un nieto del Huayna Cápac histórico lo expresaba así: «...guayna capac señor que fue destos reynos su aguelo deste testigo tuvo su rrecámara en el valle de yucay...» (170, nota 133), mientras otro testigo vió que en aquel tiempo «...todos los indios del dicho valle se llamaban del inga y que eran dos parcialidades la una de mitimaes que quiere decir indios adueneçidos [advenedizos] e la otra de naturales... (170, nota 134).
Pues bien, destituyendo a Wallpa Tupac, kuraka de tiempo de los inkas, Pizarro colocó en el puesto a Francisco Chilche («... mandaba e mandó estos indios como curaca principal puesto por el marqués piçarro el qual Atahualpa topa que antes lo era...», 188, nota 186).

Aunque Pizarro y luego  su hijo Gonzalo eran los encomenderos del valle, estaban ocupados en las guerras, y ello permite a Chilche, en palabras de Wachtel, «...construirse una especie de «feudo»... [y] se apropia de numerosas tierras» (188).
En efecto, cuando algunos españoles reivindican las tierras del inka y del sol en el valle para ocuparlas, una investigación descubre una impresionante lista de campos ocupados y hechos explotar por Chilche, que llega a tener además para 1550 ochenta yanas propios —irónicamente, antes todos los indios del valle eran clasificados como yanas del rey inka—. Según Wachtel, él sabe manipular en las nuevas circunstancias las relaciones con los ayllus autóctonos y de mitmas en una forma que las referencias rápidas de Wachtel sólo dejan adivinar —y que merece mayor estudio— aceptando entre otras cosas mujeres y formando una vasta clientela, siendo imitado por sus kurakas subordinados. Ante las quejas, en 1550 cede el mando de la parcialidad de autóctonos del valle a García Quispicapi, descendiente del kuraka de los mismos, pero conserva el título de kuraka principal (188-90).


El incidente de Corpus Christi

Un cronista tardío de la ciudad da la fecha del incidente en el cual se enfoca este estudio, del cual fue testigo Garcilaso durante una de las fiestas del Corpus posteriores a 1554. Habría sucedido el 6 de junio de 1555. Aunque reinventado en sus detalles y diálogos, permite ver mucho de la personalidad y actitud social de Chilche para esta época. Dice al respecto Garcilaso que
Los caciques de todo el distrito de aquella gran ciudad venían a ella a solenizar la fiesta [de Corpus], acompañados de sus parientes y de toda la gente noble de las provincias.[...] A lo alto del cimenterio, que está siete u ocho grados [gradas del hastial]más alto que la plaça, subían por una escalera a adorar el Santísimo Sacramento, en sus cuadrillas... Baxavan a la plaça por otra escalera que estava a mano derecha del tablado... Hazían [este] tablado en el hastial de la iglesia [actual iglesia del Triunfo, de donde se habían librado los españoles del cerco inka] de la parte de afuera... donde ponían el Santíssimo Sacramento... El cabildo de la iglesia se ponía a la mano derecha y el de la ciudad a la izquierda. Tenía consigo a los Incas que havían quedado de la sangre real, por honrarles... (Garcilaso, [1617]1944, Libro VIII, cap. I, 186).

Continúa Garcilaso:

Yendo passando las cuadrillas como hemos dicho, para ir en processión, llegó la de los Cañaris, que, aunque la provincia dellos está fuera del distrito de aquella ciudad, van con sus andas en cuadrilla de por sí, porque hay muchos indios de aquella nación que viven en ella, y el cuidado dellos era entonces don Francisco Chillche Cañari... Este Don Francisco subió las gradas del cimenterio muy disimulado, cubierto con su manta, y las manos debaxo della, con sus andas sin ornamento de seda ni oro, mas deque ivan pintadas de diversos colores, y en los cuatro lienços del chapitel llevava pintadas cuatro batallas de indios y españoles (ídem, 187).

Llegando a lo alto del cementerio, siempre según Garcilaso, se quitó la capa y quedó «en cuerpo» con una manta ceñida «[como] se la ciñen [los indios] cuando quieren pelear», llevando en la mano una «cabeça de indio contrahecha» —es decir, reducida— asida de los cabellos. Debía ser la cabeza del guerrero inka del antiguo sitio de la ciudad, que al parecer Chilche atesoraba. Con su gesto quería no sólo ofender a los nobles inkas allí presentes, sino probablemente también recordar a los españoles su antiguo servicio valedor de su enaltecimiento social y su protección. Cuatro o cinco nobles inkas arremetieron contra él, teniendo que intermediar el teniente de corregidor de la ciudad, licenciado Monjaraz, descrito como un hombre comedido por Garcilaso. Luego de un diálogo, reinventado por Garcilaso, pero digno de análisis en otra parte,

El licenciado Monjaraz [...] quitó la cabeça que el Cañari llevaba en la mano, y le mandó desceñir la manta que llevaba ceñida y que no tratase más de aquellas cosas en público ni en secreto, so pena que lo castigaría rigurosamente (ídem, 188).

Así, la maniobra de Chilche, llena de simbolismos, no prosperó. Según Garcilaso, que da un apropiado final al incidente, aunque desde el punto de vista inka: «Con esto quedaron satisfecho[s] los Incas y todos los indios de la fiesta, y todos en común, hombres y mujeres, le llamaron «¡Auca, auca!»...» (ídem, 188).

Sobre la narración por Garcilaso del incidente
Antes de continuar se debe reparar en algunos aspectos del fragmento de la fuente estudiada. Si se acude a la narración de Garcilaso, se observará que está llena de frases y diálogos reinventados entre los protagonistas. Esto no debe hacer desconfiar acerca de la fiabilidad del recuerdo general de Garcilaso del suceso, sino que él empleaba, como se sabe, los procedimientos humanistas de imitación de la redacción histórica bajo moldes clásicos. En ellos se trataban asuntos directamente vistos por el historiador como testigo, se introducían discursos completos recreados por el mismo de acuerdo a reglas retóricas, y los propósitos más inmediatos eran los de formación moral. Por ello no se analizan aquí los discursos, sino los eventos bajo la forma en que Garcilaso fue testigo de ellos —y muy de cerca, pues nos recuerda en el mismo pasaje que su padre era corregidor de la ciudad en aquél momento—. Así, no se tiene por qué dudar de un testimonio tan vívidamente narrado y que se inserta bien en lo que
se conoce de la trayectoria de Chilche. Asunto muy distinto es la bastante comentada deformación de ciertos aspectos de las costumbres y religión de los inka por Garcilaso, que buscaba con ello tanto enaltecer la memoria de sus antepasados, disimular en algo su «gentilidad» y hacerlos más semejantes al modelo romano que encontró en los escritores antiguos que consultó y que inspiraron en buena parte su escritura.


Sobre la celebración del Corpus Christi
No hay información cierta del inicio del Corpus Christi en el Cusco. El virrey Toledo dictó, en 1572, ordenanzas para dar mayor realce a la celebración. Garcilaso de la Vega cuenta que el jueves 1 de junio de 1554, día del Corpus Christi, antes del amanecer, se vio en esta ciudad un cometa.

El mismo Garcilaso narra el incidente ocurrido el jueves 6 de junio de 1555, en las solemnes celebraciones del Corpus. Cuenta que Francisco Chilche, indio cañari: Llevaba en la mano derecha una cabeza de indio contrahecha, asida de los cabellos. Apenas la hubieron visto los Incas, cuando cuatro o cinco dellos arremetieron con el Cañari, y lo levantaron en alto del suelo, para dar con él de cabeza en tierra.

La celebración del Corpus ya es evidente en 1555. El primer Corpus fue celebrado en 1550, casi veinte años antes de las ordenanzas de Toledo de 1570 y quince después de  la fundación española del Cusco. Hay que recordar que, por bula papal de 1 de junio de 1537, el Corpus Christi se incluyó en la lista de días de guardar entre los habitantes del Nuevo Mundo.
Garcilaso de la Vega comenta que, en su época, ya desfilaban imágenes de: Nuestro Señor, o de Nuestra Señora o de otro Santo o Santa de la devoción del español o de los indios sus vasallo.



Continúa el Inca:
Los caciques de todo el distrito de aquella gran ciudad venían a ella a solemnizar la fiesta,acompañados de sus parientes y de toda la gente noble de sus provincias. Traían todas las galas,ornamentos e invenciones que en tiempo de sus Reyes Incas usaban en la celebración de sus fiestas […].
Siempre estuvo presente el propósito de ofrecer lo mejor en la procesión del Corpus Christi. En 1733, utilizando un legado del deán doctor Francisco de Goyzueta, se construyó un carro de plata para que saliese el Santísimo Sacramento15. El templete de plata, colocado en un vehículo, portaba la custodia, como indica el Inca.


Algunos otros datos posteriores

En 1558 el inka Sayri Tupac es hecho encomendero del valle de Yucay, que había quedado en manos de la corona, y debió haber reivindicado todos sus derechos y haber sido percibido como una amenaza por Chilche, porque según Garcilaso y Guaman Poma —que también vivió en Cuzco— fue envenenado por Chilche en 1561. Garcilaso describe esto así:

El Don Francisco Cañari quedó tan favorecido y tan soberbio, que se atrevió años después a matar con tósigo, según fama pública, a don Felipe Inca, hijo de Huaina Capac... Confirmose la fama porque después casó con la mujer del Don Felipe, que era muy hermosa, y la tuvo más por fuerça que de grado, con amenaças y no ruegos que los aficionados del Cañari le hizieron, con mucho agravio y quexa de los
Incas, más sufriéronlo, porque ya no mandavan ellos» (Garcilaso, [1617]1944, Libro VIII, cap. I, 186).

La mencionada coya era Cusi Huarcay, hermana-esposa de veinte años de Sayri Túpac, que había sido casada cristianamente con él en la catedral del Cuzco con licencia especial del papa Julio III (Hemming, [1970]1982:355). Guaman Poma da también la noticia, también  mencionando la ponzoña, y mencionando como una de las razones el resentimiento de Chilche de ver cómo a Sayri Tupac «...le onrraua y respetaua todo el rreyno». Ahora bien, para la mentalidad española este crimen no era un delito menor en modo alguno —recuérdese lo sucedido a pesar de todo más tarde con el virrey Toledo— y es bastante probable que una prisión por un año de Chilche descrita por Cobo ([1653]1956) tuviese que ver con este preciso incidente, aunque él dice que se le liberó por falta de pruebas. Visitas de la década de los sesenta tienen que recortar gradualmente los poderes de este kuraka. En 1571 firmó como don Francisco Zaraunanta Chilche en las Informaciones hechas para el virrey Toledo, calculándosele setenta y siete años (Levillier, ed., [1571]1940:99-101) y en 1572 presentó la petición mencionada en el apartado 2 con una relación de sus servicios, incluyendo el haber participado en la guerra contra Tupac Amaru en Vilcabamba, como «Capitán Mayor de todos los indios de guerra». Allí declaró tener setentaicinco años, y obtuvo de Toledo la transferencia del tributo de tres pesos de plata ensayada de treinta yanaconas, antes en cabeza de Su Majestad, por todos los días de su vida (Apéndice I, ff.9v-10r en Heffernan, 1995).
Ya ha muerto en 1586, y su hijo Hernando Guatanaula es entonces kuraka del valle, según un documento de venta de tierras de ese año, que la familia ya no puede cultivar, y donde se mencionan además ocho hermanos naturales de Guatanaula.


Conclusiones

Volviendo al incidente de Corpus en que se enfoca este análisis, se nota en primer lugar que allí Chilche se presentó con unas andas sin ornamentos de sedas y oro —que probablemente usaban todavía en el momento los nobles inka—, pero en las que había hecho pintar batallas de españoles e indios. Con esto, se concluye, quería hacer un primer recordatorio a los presentes, pero sobre todo a los españoles, aunque en código gráfico indígena, de su temprana colaboración bélica. En segundo lugar, cuando subió al hastial de la iglesia —la posición más alta de la plaza, donde era visible por todos— ex profeso Chilche quedó «en cuerpo» con la manta y extrajo la cabeza reducida. Ello era un mensaje directo a los españoles haciendo recordar el combate que significó tanto socialmente para él y posiblemente desanimó tanto a los inka. Pero el mensaje era doble, resultando altamente ofensivo para la nobleza inka reconocida y a quien se hacía participar de modo oficial en la fiesta como nobleza colonial, cristiana y subordinada. De allí la reacción de los inkas y la enérgica intervención del teniente de corregidor, prohibiéndole tratar más aquellas cosas que traían problemas en la nueva situación social de la capital.

De esta manera, todo el incidente se puede interpretar como un intento de Chilche de remontar un gradual declive en su importancia social en el Cuzco, cerca de veinte años de los acontecimientos que lo enaltecieron socialmente, y hacer recordar a los españoles lo que le debían de aquellos años tempranos. No era tanto una simple coreografía como una maniobra simbólica bastante astuta y macabra, y que resultó fracasada.

Aunque Wachtel llamó en su momento a Chilche «...uno de los grandes curacas, hasta aquí desconocido, de la historia peruana...» (187) y, en efecto, llegó a ocupar un cierto lugar en la sociedad post-conquista temprana del Cuzco, la evidencia muestra que no logró administrar la inmensa oportunidad que las circunstancias pusieron a su disposición, abusó demasiado de su nueva posición y bien pronto la perdió. Su caso es difícil de comparar por lo especial y la falta de más casos estudiados, pero ofrece un claro contraste con otro kuraka temprano como Antonio Ninavilca, de Huarochirí, que tuvo un contacto igualmente estrecho con los españoles y consiguió formar una relación perdurable a través de muchas generaciones. Hasta donde podemos usar los datos disponibles sobre Chilche con fines comparativos, me parece que su caso termina correspondiendo con otras informaciones y denuncias sobre kurakas tempranos que, sin tener las condiciones que el sistema tradicional de autoridad demandaba para el cargo, eran colocados en sus puestos por los colonizadores españoles. Como no se les ha diferenciado muy claramente hasta hoy en la literatura, he acuñado el término de «kurakas ilegítimos» para esta categoría social andino colonial, que tiene sentido sólo en las primeras etapas de la transformación indígena colonial, y me he basado para el término en el concepto weberiano de dominación legítima (por consenso social).

Sin embargo, aunque quizá ya los cañari del Cuzco no estuviesen asociados al curacazgo en sí del valle del Yucay, sí siguieron teniendo un rol importante en la vida del valle, la ciudad y en muchas ciudades del interior, donde entre otras cosas actuaron como guardia armada de los funcionarios españoles.
En su análisis de los lienzos del Corpus Christi y de más evidencia al respecto, Carolyn Dean halla que el cuadro final de la serie —probablemente encargado por el personaje que aparece al centro con su hijo en el último cuarto del siglo XVII (Fig. 1)—, retrata al probable jefe cañari del regimiento indio del corregidor del Cuzco y al regimiento mismo de arcabuceros disparando sus armas de fuego al cierre de la festividad (Fig.2), todos con altos penachos blancos y en una exhibición de poder y de asociación con los españoles en franco contrapunto con las representaciones de las parroquias encargadas por los donantes pertenecientes a la nobleza inka (Fig.3).



Fig.1 El probable donante
cañari del cuadro del final de la
procesión del Corpus, el más
grande y suntuoso de la serie
(tomado de Dean 2002:84-85,
detalle de Lam. 21).




Fig. 2 El regimiento cañari del
corregidor del Cuzco según C.
Dean, en el mismo cuadro anterior
(tomado de Dean 2002:84-85,
detalle de Lam. 21).


Fig.3 Don Carlos Guayna Capac, donante del cuadro
de la parroquia de San Cristóbal, delante del carro
procesional del santo patrón (tomado de Dean
2002:72, detalle de Lam. 14).







REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS:
(1)   Arana Bustamante, Luis Manuel. Revista de investigaciones sociales del Vicerrectorado de la escuela de Investigación y Postgrado  de la UNMSM  del Volumen 13, numero 23 (2009).
(2)      Dean, Carolyn. ([1999]2002). Los cuerpos de los incas y el cuerpo de Cristo. El Corpus Christi en el Cuzco colonial. Lima: Universidad Nacional Mayor de San Marcos – Banco Santander Central Hispano.
(3)      Esquivel y Navía, Diego de. ([c.1748]1980). Noticias cronológicas de la gran ciudad del Cuzco. F. Denegri Luna, H. Villanueva Urteaga, C. Gutiérrez Muñoz, eds., 2 t. Lima: Fundación Augusto N. Wiese.
(4)  Garcilaso de la Vega, Inca. ([1617]1944). Historia General del Perú. Segunda Parte de los Comentarios Reales de los Incas. Edición de Ángel Rosenblat. Buenos Aires: Emecé.
(5)  Trujillo, Diego de. ([1571]1948) Relación del descubrimiento del reyno del Perú. Edición de Raúl Porras Barrenechea. Sevilla: Escuela de Estudios Hispanoamericanos.
(6) Villanueva Urteaga, Horacio. (1970). Documentos sobre Yucay en el siglo XVI. Revista del Archivo Histórico del Cuzco 13: 1-184.
(7)   Wachtel, Nathan. ([1971]1976). Los vencidos. Los indios del Perú frente a la conquista española (1530-1570). Tr. de Antonio Escohotado. Madrid:Alianza Editorial.





DATOS BIOGRAFICOS:  Luis Manuel Arana Bustamante
Historiador, nacido en Lima en 1964, es profesor ordinario en el Departamento de Historia, Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Su formación profesional fue en historia económica y social de la colonia durante un proyecto sobre moneda colonial llevado a cabo por historiadores de San Marcos y financiado por el Banco Central de Reserva. Entre 1990 y 1997 editó y publicó seis números de Cuadernos de Historia Numismática para ese proyecto. Aproximadamente desde 1998 empezó a investigar en etnohistoria andina, y empezó la carrera docente en la UNMSM. Actualmente investiga para el Instituto de Investigaciones Histórico-Sociales (IIHS) de su Facultad. Su área de investigación y especialización es la etnohistoria andina, etnohistoria de los incas, historia social indígena temprana colonial, la personalidad y obra del cronista andino Felipe Guaman Poma de Ayala y desarrolla una nueva investigación sobre la estadía de Charles Darwin en el Perú en 1835. Es autor de un libro de etnohistoria colonial, titulado "Sin malicia ninguna..." Transformación indígena colonial y estrategias sociales y culturales en un kuraka ilegítimo, Huaylas, 1647-1648, que ganó un premio nacional de la Asamblea Nacional de Rectores y fue publicado por la misma al año siguiente, y asimismo de numerosos artículos en revistas especializadas. La casi totalidad de su producción científica -incluyendo el libro- y CV actualizado se encuentran a disposición en los sitios web www.academia.edu y www.researchgate.net en archivos digitales.


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